Preámbulo y Alumbramiento

Preámbulo y Alumbramiento



Aquí nace este blog colectivo y abierto. Unos cuantos “atrevidos”, apasionados de la cultura en sentido amplio, lo ponen en marcha simplemente porque sí, porque todo camino empieza con un primer paso y porque alguien debe echar a andar un proyecto, sin más. Pero no se trata de inaugurar algo -que para cortar una cinta sobrarían gerifaltes voluntarios- sino más bien darle un primer empujón y que tenga continuidad. Los colaboradores iniciales quieren sólo promover e impulsar, no capitalizar este espacio. Lo ideal sería que el blog se nutriese con la aportación de muchos entusiastas que tienen algo que mostrar y se deciden a hacerlo, asumiendo y respetando la fórmula, la filosofía y los principios recogidos en el decálogo del blog. Ellos son los invitados a participar, ellos son los elegidos.

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sábado, 7 de febrero de 2015

El ocaso de los clásicos

Casi simultáneamente, como ocurren tantas veces las circunstancias imprevistas, puede ser que acaben bajando su trapa dos locales emblemáticos de Mansilla de las Mulas. De nada parecen haber servido su rótulo, su larga historia y su solera, a la hora de evitar que caigan bajo el peso de los acontecimientos o de la terca actualidad. Es decir, bajo el peso de la persistente crisis o de los desencuentros familiares entre nuevas generaciones de hosteleros o de las actualizaciones de las rentas antiguas o de cualquiera que sea el motivo que se los ha llevado por delante o esté a punto de hacerlo. Lo cierto es que desde finales de 2014 corre el viento de que el céntrico Bar Mansillés cambia de rumbo o al menos de timón, y desde esa misma fecha ha echado ya la llave Casa Marcelo, tal vez el establecimiento de la villa con más nombre fuera de la misma. Sin remedio.

Quede el café Mansillés entre paréntesis, en ese limbo hostelero en el que aún se mantiene, y hablemos brevemente del que ya luce el cartel de “se alquila” en sus puertas cerradas: el restaurante Marcelo, uno de los santuarios gastronómicos de la provincia en otros tiempos, especialmente conocido por su bacalao al estilo mansillés. Casa Marcelo nació hace más de medio siglo de la mano, precisamente, de Marcelo Robles y su mujer Felipa Miguélez, fundadores de la popular casa de comidas allá por el año 1955. Desde entonces se ganaron buena fama con guisos y potajes, pero sobre todo con su lograda receta del bacalao al ajoarriero, que aderezaban como nadie hasta convertirlo en plato perfecto, suculento y solicitado. La leyenda asegura que, en torno a la feria de San Martín de noviembre, hubo años en los que el comedor despachaba alrededor de mil comidas en aquellos días feriales. Exagerada o no, así cimentó una fama culinaria que se mantuvo durante décadas. Pero el inflexible paso del tiempo, los cambios generacionales, el progresivo deterioro del local y la aparición de la competencia, en forma de nuevas propuestas más actualizadas a los tiempos, fueron lentamente dando al traste con el popular establecimiento. Y ese ha sido el desenlace anunciado. Adiós a un clásico y adiós al conocido rincón gastronómico ubicado a la entrada de la villa, nada más cruzar el puente. Casa Marcelo tenía mucha, muchísima historia, y hoy sin embargo ya es historia.


JVTN

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