Preámbulo y Alumbramiento

Preámbulo y Alumbramiento



Aquí nace este blog colectivo y abierto. Unos cuantos “atrevidos”, apasionados de la cultura en sentido amplio, lo ponen en marcha simplemente porque sí, porque todo camino empieza con un primer paso y porque alguien debe echar a andar un proyecto, sin más. Pero no se trata de inaugurar algo -que para cortar una cinta sobrarían gerifaltes voluntarios- sino más bien darle un primer empujón y que tenga continuidad. Los colaboradores iniciales quieren sólo promover e impulsar, no capitalizar este espacio. Lo ideal sería que el blog se nutriese con la aportación de muchos entusiastas que tienen algo que mostrar y se deciden a hacerlo, asumiendo y respetando la fórmula, la filosofía y los principios recogidos en el decálogo del blog. Ellos son los invitados a participar, ellos son los elegidos.

Para participar, puedes enviar tu colaboración al correo :
mansillacultura2012@gmail.com

viernes, 8 de febrero de 2013

Sugerencias

Enric González es un gran escritor y periodista barcelonés, actualmente en el muy recomendable digital cultural Jot Down. Acaba de publicar “Memorias líquidas” contando sus peripecias como corresponsal de El País en medio mundo. En el prólogo, Segurola dice de él que tiene clase y estilo, que es un seductor.

En el librito citado relata lo que le ocurrió en un viaje al Congo en 1994. No me resisto a compartir algunos párrafos, como muestra de su oficio. No sólo por lo que cuenta –brutal testimonio- sino también por cómo lo hace, como un certero cirujano de la escritura, de forma seca, sobria y desapasionada. Gran periodismo y mejor literatura.

 “Una tarde caminaba por una carretera hacia el lago Kivi, en cuyas orillas flotan cadáveres pero junto al cual, decían, había una casita donde un cooperante español invitaba a jamón. Vi a lo lejos una mujer que caminaba hacia mí con un niño cargado a la espalda. También vi un enorme camión blanco de la ONU. Tenía el camión de frente y a unos 20 metros cuando arrolló a la mujer y pasó de largo. Corrí hacia ella. Estaba viva pero no podía mover las piernas. El niño, de uno o dos años, estaba muerto, aplastado. No había nadie. Esperé con ella, que permanecía semiinconsciente, a que circulara algún vehículo que pudiera ayudarla. Lo que llegó fue un camión de soldados congoleños ciegos de cerveza y marihuana. Me apuntaron con sus rifles, subieron a la mujer a bordo mientras empezaban a manosearla y se fueron.

Me quedé con el cadáver del niño. Lo envolví en la misma tela en que lo llevaba su madre (supongo que sería su madre) y emprendí con él la marcha de regreso a Goma. Fui hasta la fosa común del aeropuerto y lo arrojé a ella con la mayor delicadeza posible. Cayó entre centenares de cadáveres que se pudrían al sol.

(…) Quise morirme. Quise llorar. No ocurrió ni lo uno ni lo otro. Casi 20 años después, el camión, la carretera, la fosa y el niño siguen apareciendo en mis pesadillas.”

(Nota: Además de seguirle en ese magazine cultural Jot Down, para los que quieran acercarse a este autor, en la biblioteca municipal de Mansilla están sus tres magníficas Historias de Roma, Londres y Nueva York, mezcla de libros de viajes y memorias, ideales para viajar sin salir de casa.)

Javier Cuesta

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